sábado, 14 de septiembre de 2019

Y me sonrío.


Quizás era aquí, en esta esquina del tiempo
donde se encontraba todo.
Tan simple
tan sencillo
que apenas se dejaba sentir.
Y me sonrío
suspendida sobre
el silencioso camino de los
sueños
que sin embargo
está lleno de melodías.
Melodías que penetran en mi pecho
lentamente
infinitamente lento
con una voz tan íntima
tan deliciosa
como el calor de los besos
o el frescor de la escarcha.
Y se quedan ahí
mecidas en el regazo de unos párpados
creciendo sueños.

jueves, 22 de agosto de 2019

Y al final de los vientos.




Y me resisto
a la aridez que queda
cuando se dispersa la ceniza
-impenetrable y huidiza-
como frágiles nubes
reuniendo sus trozos
adentro de tus mares.

De tus mares plateados
de agua y fuego,
de orillas inaccesibles
donde incluso la voz de la lluvia
sabe a olvido y el aire huele
a palabras no saciadas.

Y es necesario romper la
eternidad que arde en círculos,
traspasar el horizonte
donde las aguas verdeazules
se lanzan al vacío,
mientras el vértigo
te salpica la cara.

Y al final de los vientos, la belleza
rompiendo el círculo.


viernes, 9 de agosto de 2019

Y una y otra vez.


Una y otra vez
reconstruimos las ruinas
en este constante vivir,
donde la fugacidad de un solo gesto
sube por las rendijas, desde lo más profundo,
los recuerdos sepultados,
rompiendo las delicadas líneas
del frágil equilibrio elegido.
Pero, al fin y al cabo, elegido.
Porque has elegido,
y no hay otra, que atravesar las puñaladas del camino,
porque el precio del amor es caro
y en la paz del desierto, solo se consiguen flores con espinas.
Y porque has elegido la lluvia fresca en la cara,
el viento removiendo el suelo,
el fuego crujiendo en la ingle,
y el pálpito acelerado  bajo la sien,
tienes derecho a caer y reconstruirte,
una y otra vez.


martes, 6 de agosto de 2019

Imagina el final del silencio.



No dejes que el desencanto y su
elocuente silencio
te impida ser la música que anhelas.
Da igual que sea un tango, un fado 
o el sonido azul de esos blues 
que tanto amabas.
A veces, es solo el desaliento despiadado
quien enmudece los momentos dulces
y ahoga la frescura de la música.
Piensa que es solo un resplandor,
 un relámpago que desaparece al poco
e imagina el final del silencio,
por ejemplo: olas rompiendo al viento