En esos fugaces y breves momentos en los que se deja simplemente ser y se acepta con todas sus yo, desaparece el debate a muerte que mantiene consigo misma y que la mantiene aprisionada en su propia mente, permitiéndole respirar y perdonarse.
Entonces, la piensa con tanta claridad, la siente con tanta verdad y la añora tanto, que sabe que todo está bien, que las dos caben en ella, y que ambas tienen su propio lugar.
