miércoles, 24 de noviembre de 2010

Camino


Hay días que, como hoy,  te paras y miras atrás y es bueno que lo hagas: ese alto en el camino, y descansas  y miras atrás.
Tanto camino, en poco tiempo, se necesita reposar y por eso está bien que lo hagas, y que mires atrás con ojos despiertos y vivaces, recordando sin nostalgia, acunando lo vivido y dejándolo sedimentar. Pero no hay de que temer, porque sabes que ese tiempo de dejarlo pasar simplemente -el tiempo- , de lamentarte sin más de tu suerte y de no querer tomar una decisión -que a fin de cuentas era tomar una decisión, una mala decisión- ya pasó. Pero no recuerdes solamente el camino andado , que también; sino lo que te supuso aceptar que solo eran excusas lo que te frenaba;  y el miedo que sentiste cuándo decidiste dar ese primer paso; y lo que te costó darlo, acostumbrada como estabas, a dejarte estar, a dolerte sin más y a no actuar; y lo que fue para ti descubrir, que aunque ese paso no te hubiera llevado a otro -que no, que está claro que te llevó, que siempre uno lleva a otro- simplemente, el haberlo dado, ya te mereció.
Y es bueno, no solo por eso, que pares y recuerdes y pienses y te dejes estar, porque además, el camino es largo, muy largo, en realidad no tiene final y solo es cuestión de aclimatar el paso, sin prisa pero decidida, no tanto en seguridad que sabes que nunca la tendrás, sino en la decisión de querer avanzar; porque a fin de cuentas ya comprendiste que al final, la vida es eso: tener deseos hacía los que avanzar.