Y calló, lo guardó en su mente y no lo habló; y se quedó oculto, enterrado y agusanado.
Todavía hoy, después de tantos años, a veces se despierta aterrada, sentada sola, en una sala de cine; todas las noches de su vida, el terror repetía aquella visita como una cinta de celuloide que se quema, una y otra vez, justo antes de contar la historia; era un aire frío,un olor a rosas muertas, una distancia insalvable hasta la cocina y el cuarto de baño, hasta sus hijos, hasta todos esos momentos en los que el eco de la pesadilla aún la perseguía por la casa, y que solo disolvía el jabón frotado con fuerza sobre la cara y el sabor del café muy caliente, hiriente, que calmaba los gritos que parecía querer producir su garganta.
Pero un día, sonando aún el zumbido del despertador, el terror no ocultó las imágenes de su pesadilla: se vio sentada sola en la sala del Cine Hollywood, y el terror era una mano acariciando su rodilla de niña en el patio de butacas, bajo su vestido que olía a manzanas; su terror lleno de olores y de oscuridad, montado en la mano de ese hombre que, sentado a su lado, poco a poco, se perdía en ella; y mientras, el mundo entero se derrumba en sus ojos sorprendidos, perdidos en aquella sala donde rugen las pandillas y el sonido de la película parece un oleaje lejano y difuso
'Ven, cariño,cámbiate de asiento': era la voz de su tía; cada palabra que dijo la agarró con avaricia y, temblando, la hizo volar sobre el perfume de rosas espesas con el que ella disfrazaba su vejez incipiente, sobre los mares de palomitas que inundaban las manos de sus hermanos, sobre el aire oscuro donde relampagueaban los colores exagerados de los dibujos americanos, hacia el silencio, hacia ese pozo donde nunca nadie dijo nada nunca más, hacia el asiento caliente que su hermano mayor se vio obligado a cederle, hacia el hueco que dejaba aquel hombre que, de repente, abandonaba la sala sin excusarse, sin dejar tras de sí una razón que explicara por qué había sucedido aquella mano bajo su vestido, por qué el miedo erizaba los vellos de su piel y por qué nadie la defendió antes de ese cataclismo: nadie paró la proyección, ni gritos en defensa, ni una palabra que devolviera el mundo a su lugar ordenado de familia bien ordenada, al lugar que no produce otros monstruos que los de papel, los que no son dedos sobre la rodilla indefensa, sobre la niñez perdida que ese silencio, tras la mano del hombre que huía, hizo flotar en el Cine Hollywood como el recuerdo de una mala película que nunca cesa, una y otra vez, cada noche, convertido en una sinfin de imágenes rotas, negras, que ardían en sus sueños y que, al despertar, desaparecían cansinamente entre llantos.
Pero esa mañana la mano estuvo allí, y las palomitas, y los colores de la Disney sobre el lavabo, y la cobardía de las rosas muertas de su tía, y el silencio, y cada pieza encajó en su lugar y regresó despierta a su pesadilla para perseguir al hombre malo, para rescatar a la niña que había sido en la sala del Cine Hollywood, para sentarla sobre sus rodillas mientras desayunaba y explicarle con palabras de amor, despacito pero sin dejar ningún detalle expuesto a la voracidad del miedo, cada instante de aquella lejana tarde de cine, cada rincón de todas las oscuridades de sus mil pesadillas, y encendió entonces las luces de la sala, y cesó la proyección, y el llanto llenó suavemente sus ojos y ellas volvieron a mirarse, la niña del vestido que olía a manzanas y la mujer que tenía pesadillas sin nombre, y ambas ocuparon su lugar, y las dos supieron entonces que habían por fin llegado a su verdadero hogar.
Y por eso ahora, cuándo todavía algunas noches,se vuelve a despertar, aterrada, en esa sala de cine, se deja estar y llora suavemente, rescatando cada miedo, purgando cada lágrima, y sabiendo que cada una de ellas, es un hilo de aquella infancia secuestrada, un camino hacia los recuerdos que no ha tenido y que son ella misma y sus pasados perdidos
Y todo esto lo anota, en ese su cuaderno, donde guarda, celosamente, toda la historia recién vivida , sabiendo que es en ella, y gracias a ella, donde ha sido capáz de rescatarlo, y dándole por ello su lugar; pero también ahora, justo en este otro momento, deja de escribir y cesa su búsqueda del pasado; ya anotó lo que sabe y es, por ahora, suficiente. Ahora, se encuentra sumida, en buscar otra razón, para continuar.
