No puedo imaginarla viviendo lejos del mar. A veces he llegado a pensar que es agua salada lo que le recorre el cuerpo y que es su reflejo, ese azul profundo que emana de sus ojos. Cuando está bien, recuerda ese mar sereno, inmenso, de las noche de verano y, en esos otros días en que no está para nadie, le basta con acercarse y mirarlo para encontrar esa calma, que la envuelve y la inunda, en una perfecta complicidad . Si alguien me pidiera alguna vez que la describiera, solo tendría que, si eso fuera posible, describir al mar:
Diferente para todos. Para nadie igual
A veces es calma, a veces tempestad
Sereno hasta el infinito o locura sin más
Tocarlo suavemente, sumergirte, dejarte estar
Tragarte, perderte, desaparecer
Tantos colores como estrellas le miran
Olor suave y amargo
Sabor intenso, a vida
Siempre presencia
Cercano y lejano
Inmenso, menudo, alto, bajo
Llegando, desapareciendo,
para volver a llegar y marchar y llegar
Eterno
Inmenso
Cómplice
Inicio y final
El mar

