Negar lo que siente el corazón no sirve de nada. No hay nada que pueda callarlo o detenerlo, y aunque a veces la única salida sea aceptarlo, acogerlo, darle su lugar y seguir caminando, siempre resultará menos doloroso que intentar enterrarlo o negarlo. La vida, queramos o no, siempre sigue su curso y pararnos es negarnos.
