martes, 26 de julio de 2011

Reflejo verdadero


Tengo que buscar la base del egoísmo: todo lo que no soy no me puede interesar, es imposible ser algo que no se es.” C. Lispector


Aunque casi nunca había vuelto sobre los fragmentos que había escrito, aquella tarde abrió el cuaderno  y releyó algunas de las primeras anotaciones, aquellas en las que había volcado muchas de las conversaciones y reflexiones que compartieron en aquellas largas y cálidas tardes del verano: 

Y comprendió que lo que peor nos puede hacer sentir a nosotras mismas, no proviene de nosotras, que esa persona que le devolvía su propio reflejo en los demás no era ella Ese ser, no era realmente ella. Era, en lo que al sentirse no querida, se convertía. Algo feo que reflejaba su propio dolor en los demás. Y decidió que no quería seguir así. Que sería ella aunque no la aceptaran, aunque no la quisieran. Mostraría su verdadero yo. Una persona con sus cosas buenas y sus cosas malas, pero ambas, las buenas y las malas, serian solo las que provenían de ella. Y cuando por fin pudo decir aquí estoy, yo soy esta, estos son mis gustos, estas mis aficiones y no otras, estas mis prioridades, esta mi forma de vivir, cuando fue capaz de mostrarse, entonces y solo entonces, fue capaz de aceptarse y quererse y entonces comenzó a ser feliz. 

Y cerró el cuaderno sintiéndose mejor.