Echo de menos la espléndida sensación que despiertas en mi piel. Sentir de nuevo, acogida bajo el dulce calor de tu aliento en mi nuca y oyendo entregada las palabras que dejas en mi oído, cómo tus manos acarician mis pechos, y luego, después de un tiempo que siempre sabe a poco y a eterno, viajan lentas y pausadas por el centro de mi vientre hasta llegar a mi sexo, y cómo allí permanecen perdidas en un despacio casi insoportable, y cuando creo que cada una de las gotas de sangre, que latido a latido cabalgan bajo mi piel, se van a desbordar, me vuelvas, me encuentres y se me borren los límites del cuerpo.
