Hay gestos tan sencillos como
sentir una mano amiga
sobre el hombro,
un gesto franco,
un rato de compañía,
sentir que alguien te escucha,
comprobar que le importas a alguien,
que no estas sola en el mundo,
suficientes para desatar los nudos que te anclan
y sentir de nuevo la vida.
