sábado, 3 de marzo de 2012

Tin, Tin, Tin

                                                                                       
 Me preguntaste cuáles eran los mejores momentos que recordaba, y pensé entonces, lo sencillo que me resultaba hacer memoria de todos los pequeños momentos compartidos.  
Me es tan fácil por ejemplo, cerrar los ojos y volver a vivir ese  invariable mordisco, goloso  y tierno a la vez, que siempre le dabas sin ser consciente de ello, al terrón de azúcar antes de echarlo en la taza. Y también, en cómo mientras te veía hacerlo,  imaginaba  que se iba disolviendo cada grano dulzón en el torrente de tus palabras, que fluían sin descanso, alegres y vivarachas, bailando al compas del tin tin tin  que entonaba la cucharilla sobre los bordes de la taza, sin que siquiera te percataras, absorta como estabas en lo que contabas. Y en cómo imaginaba, cómo cada una de aquellas palabras según salían, se enredaban juguetonas y traviesas en el humo caprichoso de aquél té siempre demasiado caliente, que al ir escapando humeante de la taza, iba dibujando mariposas que volaban revoltosas escondiéndose entre las palabras, apenas queriendo escapar del hechizo del momento.






Marcus Roberts: En un tono suave