Como "una piña", tal como a ti te gustaba decir y como, tú sola, nos sabías reunir.
Todos. Grandes y pequeños: Siete hijos y sus parejas, veintiún nietos, muchos ya con sus respectivas parejas, y 4 bisnietas. Todos estuvimos allí, contigo. Y esto fue posible gracias a esa habilidad tuya de mantenernos unidos, resultado del inmenso amor que nos ofrecías. Desde el norte, el sur, el este y el oeste, de cualquier rincón donde se encontraran, todos llegaron. Estando y deseando estar, que es lo que realmente importa.
¿Y ahora qué?, ¿cómo llenar ese inmenso vacío que me dejas? No lo sé, aún no lo sé, pero lo que sí sé es que tanto amor no puede simplemente desaparecer. Qué bien me conocías. Y de ahí esa promesa que me arrancaste: El día después, y no más tarde, vendría aquí y desde aquí te hablaría. Y aquí estoy. Aun flotando, ajena al mundo que me rodea, pero tal y como te prometí: aquí estoy. Y miro a este mar que tan grande me parece hoy. Inmenso, rabiosamente azul e intenso. Tú también lo amabas, aunque fueras de tierra adentro. Y es curioso, porque después de tantos días con un aspecto rabioso, oscuro por las resacas y restos de las tormentas, hoy amanece sereno y hermoso. Azul intenso. Aguas claras y olas verdes que rompen, en blanca espuma, en la orilla. Y me viene, de repente, ese recuerdo de cómo te saludaba al entrar en tu casa: hola, mamá, hola, “abuela”. Y tú me mirabas y, poniendo el entrecejo arrugado, para intentar ponerte seria, me decías: ¨Soy tu madre, no tu abuela¨. Pero tus ojos te traicionaban, no podían ocultar la satisfacción y alegría que sentías al sentirte la abuela de una camada tan grande. La abuela. Esa palabra que, para todos, eras tú. Y, ya al final, apenas decías nada. Solo te quedabas mirando. Muy fijos tus ojos. Solo mirando. Pero sé, estoy segura de que, aunque no dijeras nada, entendías todo lo que te decía. Hoy sigue lloviendo. Hace un viento de locos. Álvaro está muy contento con sus prácticas en la empresa... Paloma tiene de nuevo dentista… Y así llenábamos las horas. Y sé, lo sé, que tú lo oías todo, a pesar de tu silencio y tus ausencias. Y sé también que en tu último suspiro supiste que estaba allí. Lo sé. Y eso me consuela. Y sé que sabías que hoy estaría aquí, pensándote. Y te doy las gracias por ello. Te quiero, mamá, te quiero, “abuela”.
Quisiste mucho y fuiste muy querida.
Siempre.




Nadie desaparece definitivamente, mientras haya un corazón que la recuerde. Tengo la impresión de que esta buena mujer, tardará mucho tiempo en disolverse definitivamente. Mi empatía hacia vuestra tristeza.
ResponderEliminarUn beso.
Cuando tienes a alguien en el cielo, tienes un pedacito de cielo en tu casa, a mi me ayuda. Un abrazo
ResponderEliminar¡Te abrazo!
ResponderEliminarSu vida acabó, dejando esa semilla, para desarrollar otras. El recuerdo dejado tiene que perdurar.
ResponderEliminarUn abrazo, sigue estando en tus palabras.
Hola Carmela.
ResponderEliminarNo es sólo que la persona que ha partido de este mundo viva en el recuerdo de otras... ¡Es que vive su "propia y nueva existencia" donde quiera que se halle!
El ser humano no está sujeto, su realidad, a los años que viva aquí.
Se llega desde una realidad, se vive una especie de curso con "compromisos" por hacer, y otros por no hacer. Llegado el momento, ¡hasta pronto!
¡Pues la vuelta está asegurada!
Puedo entender que quienes no crean o no haya surgido en su vidas algo de esto, lo pongan en cuestión. Lo nieguen como posible. ¡Respetable!
Fuerte abrazo, amiga mía.
98 años no es poco, es toda una vida y así mismo es dejar mucho de sí en los demás, y al leerte no tengo dudas de que tu madre ha dejado esa huella profunda en su familia, sobre todo en ti. Ahora tu mar es más azul. DEP.
ResponderEliminarUn beso dulce y mis condolencias, Carmela.
Estás viviendo, casi calcada, la historia que yo viví hace dos años. También tenía noventa y ocho años. También siete hijos. También un montón de nietos y bisnietos. También ese amor que solo una madre, abuela y bisabuela es capaz de convertir en el sentimiento más bonito y desinteresado que se conoce en el género humano. Dos años después, siguiendo su ejemplo, hemos recogido entre todos la antorcha familiar que ella abanderaba para reunirnos en las casas de los hijos, particularmente en las fiestas navideñas. La familia sigue siéndolo gracias a ella y a mi padre, que se fue más de treinta años antes.
ResponderEliminarMi más sentido pésame por su falta, pero también mi felicitación por haber tenido una madre como la mía.
Un fuerte abrazo.
Hace poco perdí también a mi madre, a punto de cumplir los 97, y al leerte sentía mi corazón vibrar de amor, de tristeza por saber que ya no podré abrazarla más... Lo siento mucho Carmela, te abrazo con amor.
ResponderEliminarUn beso
Un hermoso post. La madre no se olvida. SE sigue recordando en su distancia, porque ese dolor que nos deja, no es el dolor de su ida, sino el amor por ella. Un abrazo. Carlos
ResponderEliminarUna vida bien vivida sin duda, con tanto fruto y tanto amor.
ResponderEliminarEnhorabuena a esa maravillosa Madre, Abuela, Bisabuela.
Felicidades por esa Vida
Abrazo
Acercate al mar, escucha su brisa y seguro que oiras unas palabras de sentimiento- soy poco de oraciones- que me nacen del corazón.
ResponderEliminarUn abrazo.
La mía se fue a los 96 pero yo paso casi todos los días a visitarlos, me pilla de paso.
ResponderEliminarBesos.
Ánimo Carmela.
ResponderEliminarBonito, bonito y bonito todo lo que le has dicho.
Besos.
Sé de tu dolor, pero no existe la pérdida de quien sembrò tanto amor, unió a su familia y pródigo sonrisas a su paso. Su recuerdo reconforta.
ResponderEliminarUn beso y un abrazo enorme.
Prodigó
EliminarQue lindo Carmela, siempre la tendrás en tu corazón. Un abrazo muy fuerte.
ResponderEliminarLos seres querido nunca los olvidamos Carmela. ¡Ánimo!
ResponderEliminarUn abrazo.
Carmela, se perfectamente que, no existen palabras que mitiguen tu dolor, ni frases que yo pueda escribir y con ellas aplacar tu pena. Hay instantes (como este), donde el idioma no puede reproducir lo que el alma siente… Sin embargo, te recuerdo, ella fue la buena semilla que se convirtió en un árbol noble y frondoso que engendró buenos frutos (sus hijos, nietos y bisnietos) y todos ellos llevan de ella su esencia de vida.
ResponderEliminarAsí pues, ella sigue viviendo en cada rincón de tu propia existencia, y no solo en tus recuerdos, también está presente en tu decencia, en tu inteligencia, en tu don de gente, en tu virtud como persona, en tus nobles sentimientos, porque eres carne de su carne, sangre de su sangre, la continuidad de su amor, eres lo más bueno y bello que ella tuvo (y de lo bueno solo sale lo mejor).
Hasta el mar en señal de respeto guardó calma por su partida. Y aunque mis palabras no te traigan consuelo, te recuerdo amiga que, del cielo naciste bendita, porque madre solo hay una… y tú tuviste a la mejor.
¡Paz en su tumba y sosiego en tu corazón!
Feliz día de la Mujer, Carmela.
ResponderEliminarBesos dulces
Ella sabía lo mucho que la querías. Tuvo una larga vida y estoy segura de que la aprovechó hasta el último aliento. Todo mi cariño para ti y tu familia. Te abrazo, Carmela. ❤
ResponderEliminarUn homenaje lleno de sensibilidad y de verdad, Carmela. Es muy duro despedirse, pero leerte reconforta porque hablas desde el amor más puro. Ella sabía que estarías hoy ahí, hablándole frente al mar. Mucho ánimo en estos días tan difíciles, aquí nos tienes para cuando necesites seguir escribiendo.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Hola, Carmela. Fuiste muy afortunada de tener a tu madre tantos años a tu lado. Qué bonito tener una familia así de grande. Un abrazo grande.
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