El mar sana.
Nada más acercarse, sin aún llegar a verlo, pero sintiendo en el aire su indiscutible presencia, notó cómo se disipaba esa nostalgia que, desde hacía tanto, la rodeaba y asfixiaba sin apenas dejarla respirar. Y al doblar esa última curva que aún la alejaba de él, se le dibujó, sin pretenderlo ni ser consciente de ello, una amplia sonrisa que terminó de ahuyentar cualquier atisbo de tristeza, si es que aún le quedaba. Se detuvo y, cerrando los ojos, respiró profundamente, dejándose envolver por esa fuerte brisa impregnada de espuma y sal que tan bien conocía. Y mientras esta se iba adentrando en ella, sintió que, por fin, estaba donde tenía que estar y esa sensación de pertenencia y hogar que tanto la reconfortaba.
Mientras andaba, sorteando las pequeñas embestidas de agua que las olas dejaban sobre la orilla, pensaba en lo difícil que era hacer entender a alguien que no hubiera nacido y vivido siempre junto al mar, lo que su ausencia podía significar en su día a día. En cómo podía llegar a ser, para ella, una presencia tan sanadora, porque a pesar de que todo, aparentemente, seguía igual, la realidad es que ahora, allí, ya no lo era. Es cierto que todo lo que estaba pasando en esos momentos tan grises de su vida, seguía ahí. Nada había desaparecido, pero allí, junto al mar, podía observarlo desde afuera, sin esa sensación de vértigo y asfixia que no la dejaba colocar cada cosa en su sitio y darle su justo valor. Todo seguía igual, pero a su vez, todo lo veía y sentía de otra manera.
Tan absorta estaba, pensando en todo aquello, que no se percató de esa ola, que empujada por una pleamar creciente, llegaba con más fuerza que las anteriores. Cuando sintió su salpicadura, salada y fría, no pudo reprimir un grito de sorpresa que pronto se convirtió en una amplia carcajada que terminó por completo de disipar cualquier sensación de derrota o de vacío.
Y mirándolo de nuevo, sumergiéndose en su infinito horizonte, respiró profundamente, como queriendo abrazar, con ese simple gesto, toda su fuerza sanadora. Y esbozando una amplia sonrisa, y con paso decidido, se dirigió, de vuelta, a sumergirse en el nuevo día.




















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