lunes, 9 de febrero de 2026

El mar sana





















 Ryuichi Sakamoto-Energy Flow

El mar sana. 

 

 

Nada más acercarse, sin aún llegar a verlo, pero sintiendo en el aire su indiscutible presencia, notó cómo se disipaba esa nostalgia que, desde hacía tanto, la rodeaba y asfixiaba sin apenas dejarla respirar. Y al doblar esa última curva que aún la alejaba de él, se le dibujó, sin pretenderlo ni ser consciente de ello, una amplia sonrisa que terminó de ahuyentar cualquier atisbo de tristeza, si es que aún le quedaba. Se detuvo y, cerrando los ojos, respiró profundamente, dejándose envolver por esa fuerte brisa impregnada de espuma y sal que tan bien conocía. Y mientras esta se iba adentrando en ella, sintió que, por fin, estaba donde tenía que estar y esa sensación de pertenencia y hogar que tanto la reconfortaba.

 

Mientras andaba, sorteando las pequeñas embestidas de agua que las olas dejaban sobre la orilla, pensaba en lo difícil que era hacer entender a alguien que no hubiera nacido y vivido siempre junto al mar, lo que su ausencia podía significar en su día a día. En cómo podía llegar a ser, para ella, una presencia tan sanadora, porque a pesar de que todo, aparentemente, seguía igual, la realidad es que ahora, allí, ya no lo era. Es cierto que todo lo que estaba pasando en esos momentos tan grises de su vida, seguía ahí. Nada había desaparecido, pero allí, junto al mar, podía observarlo desde afuera, sin esa sensación de vértigo y asfixia que no la dejaba colocar cada cosa en su sitio y darle su justo valor. Todo seguía igual, pero a su vez, todo lo veía y sentía de otra manera. 


Tan absorta estaba, pensando en todo aquello, que no se percató de esa ola, que empujada por una pleamar creciente, llegaba con más fuerza que las anteriores. Cuando sintió su salpicadura, salada y fría, no pudo reprimir un grito de sorpresa que pronto se convirtió en una amplia carcajada que terminó por completo de disipar cualquier sensación de derrota o de vacío.


Y mirándolo de nuevo, sumergiéndose en su infinito horizonte, respiró profundamente, como queriendo abrazar, con ese simple gesto, toda su fuerza sanadora. Y esbozando una amplia sonrisa, y con paso decidido, se dirigió, de vuelta, a sumergirse en el nuevo día. 

21 comentarios:

  1. Algo tiene el mar, que nos hechiza hasta a quienes somos de secano.
    Un bonito texto para unas fotos preciosas.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No seré yo quien te lo niegue, jajajaja, algo tiene, si señor.
      Gracias, Chema, me alegra que te guste.
      Un beso

      Eliminar
  2. Y no podía ser de otra forma conociendo tu vínculo con el mar, ese romance constante que dan muestra tus siempre preciosas fotografías y este texto que le dedicas, sin olvidar la música de Sakamoto.

    Besos dulces, Carmela y dulce semana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como le decía a Chema, tampoco ahora podría decirte lo que me dices, ese romance existe :)) y mis gracias por las fotografías y el texto. Sakamoto me encanta como ya has podido comprobar en mis entradas.
      Besos para ti, Dulce.

      Eliminar
  3. ¿Existe la envidia sana? me enamoran tus fotografías y tu texto es una invitación a acercarse al mar. Precioso y gracias por elevar mi imaginación. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo que más me gusta de lo que dices, Ester, es haber elevado tu imaginación. El asombro y la imaginación, son fun damentales para mí, así que gracias.
      Un beso.

      Eliminar
  4. Tenía la intención de escribirte, dadas tus ausencias y, mira, aquí estás! Tú y tu mar. Tú y tus holas, que compartes... Hoy también retazos de alma!
    Resulta vivificante leerte, intuirte, saber de ti en esa profundidad que hoy sale a flote. Compartes. Y no sólo con ese mar de Cádiz, hoy embravecido... Tal vez en parte extrañado por tus ausencias!
    Gran abrazo, Carmela.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues ya ves, te leí el pensamiento jajaja, no ahora en serio, no creas que no he querido hacerlo antes, pero por una cosa u otra me ha sido imposible Ernesto, ni siquiera acercarme al mar, imaginate. El mar está bravo, como no estarlo con estas borrascas, pero aún así me serena y me da calma. Espero no tardar en volver a subir algo, gracias.
      Un beso grande.

      Eliminar
  5. Deberían recetarlo en la Seguridad Social.
    Me alegra que vuelvas donde solías.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Deberían Juan, se ahorraría mucho dinero y se ganaría mucho en salud :))
      Yo también me alegro mucho.
      Y vuelvo a darte las gracias, ya te contaré.
      Besos grandes.

      Eliminar
  6. Mar imponente, que nos brinda esa paz que acaricia el alma, pero también nos recuerda el temor de sentir su furia.
    Hermoso manto de agua salada que puede tocarse, pero no asirse, que nos puede brindar el pan de cada día o quitarnos la vida con la misma facilidad. Ese mar que nos hipnotiza, que lo sabemos fascinante, desconocido, indómito, apacible, iracundo, romántico, indomable, gigante, fuente de vida, riesgo de muerte, todo a la misma vez. ¿Cómo poder explicarlo?... sólo se me ocurre que mis ancestros tenían razón… "El mar es un dios y por eso es como es, actúa a su antojo sin dar explicaciones. Los dioses no duermen y el mar no es la excepción"
    Pero tú con tus letras divinas, me has inducido en tu poesía de ensueño y me hiciste sentir y amar ese mar (tu mar) que a través de tus letras me llevaste, aunque en la realidad me encuentre a miles de kilómetros de aquel hermoso lugar.
    ¡Autora, gracias por este hermoso instante de lectura y de imágenes extraordinarias!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Preciosa manera de hablar del mar, Juan Carlos, todo lo que dices de él es cierto. Para mí, a pesar de que le respeto mucho y sé de su poder, a veces demasiado, duro, me da mucho, mucho y es capaz de hacerme sentir bien cuando todo lo que me rodea no es bueno o es una mala racha, como ésta. Siempre vuelvo de él llena de serenidad y paz.
      Gracias por tu visita y por tus palabras.
      Un beso.

      Eliminar
  7. Esta tarde si el viento lo permite iré a verlo.
    Gracias por tanta belleza.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. He estado viendo en la TV el viento por tu tierra, ten cuidado.
      Gracias a ti, Xavi
      Un beso

      Eliminar
  8. Los catalanes usamos para "madre" el mismo vocablo que otras lenguas mediterráneas y los antiguos romanos usan o usaban para "mar": Mare. Y no es una simple casualidad.
    Saludos!

    ResponderEliminar
  9. Muy cierto que sana, para mí así es. Preciosas fotos y escrito. Abrazos.

    ResponderEliminar
  10. Creo que se han perdido comentarios míos. Estas entradas las comenté. Un abrazo.

    ResponderEliminar