Pasan lentas las horas. Y la vida. Y su rutina. Y te pensé como si el tiempo no hubiera dejado su huella. Y me encontré caminando en la misma dirección de antes, como si aún me esperaras. Como si yo no supiera el vacío de tu estancia. Y entre lo que yo pensaba y la dirección de mis pasos, creció sin piedad el muro de realidad donde estrellé mi sombra y el tiempo se estancó. Y, sin embargo, permaneces.
Pasan lentas las horas, al igual que la vida, y a pesar de todo, y entre horizontes borrosos y la resaca del tiempo, aún me queda el sonido del mar bajo los párpados y este azul tan intenso capaz de dibujar blanco sobre negro.




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