Loreena McKennitt- The Dark Night of the Soul
En el sosiego de este atardecer de abril, con la tibieza de sus matices y arropada entre los suspiros del viento suave de poniente, me recorre un anhelo que, sin saber cómo, traza el camino que lleva a lo más íntimo que somos. A ese lugar donde, aunque queramos, no podemos defendernos de lo que sentimos y simplemente somos, y es ahí, justo ahí, donde se demora y se deja estar seguro y confiado mientras, mis sombras, se disuelven lentamente en la luz del eco de ese gemido que, sin prisas, exhalaban tus labios al rozarse con los míos en aquellos, puros instantes, donde amar y arder era lo mismo. Un sonido que no se olvida en mí y que, a pesar del ruido externo, persiste de forma constante, insaciable y perenne. Un torrente delicado e intenso que, aún hoy y al igual que entonces, me recorre con el fulgor del deseo y la infinita ternura de la gota que se demora, resbala y sacia. Así, tu sonido en mí.
