lunes, 27 de septiembre de 2010
Habitación en Roma. Musica: Jocelyn Pook
Saltar para planear suavemente en el silencio.
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Fernando Pessoa: Sentimientos
(Liliana Felipe: Come chocolate)
(¡Come chocolates, pequeña;
come chocolates!
Mira que no hay en el mundo más metafísica que los chocolates.
Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá yo pudiese comer chocolates tan de verdad como los comes tú!
Pero yo pienso y, al quitar el papel de plata, que es hoja de estaño,
tiro todo al suelo, como he tirado la vida.)
Fenando Pessoa: Tabaquería
Tabaquería
No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Fuera de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
del cuarto de uno de los millones del mundo que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por gente,
una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
con el misterio de las cosas por debajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humanidad en las paredes y las canas de los hombres,
con el destino guiando la carroza de todo por la carretera de nada.
Hoy estoy vencido, como si supiese la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si fuese a morir
y no tuviese más hermandad con las cosas
que una despedida, vueltos esta casa y este lado de la calle
la hilera de vagones de un tren, y una pitada de despedida
dentro de mi cabeza,
y un sacudón de mis nervios y un crujido de huesos al arrancar.
Hoy estoy perplejo, como quien ha pensado y creído y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que debo
a la tabaquería del otro lado de La calle, como cosa real por fuera,
y la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fracasé en todo.
Como me hice ningún propósito, quizá todo fuera nada.
De la enseñanza que me dieron
escapé por la ventana del fondo de la casa.
Fui al campo con grandes propósitos
pero solo encontré hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual a los demás.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?
¿Qué sé yo de lo que seré, yo que no sé qué soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pero si pienso que soy tantas cosas!
¡Y tantos piensan que son lo mismo que no puede haber tal cantidad!
¿Genio? En este momento
cien mil cerebros se conciben en sueños tan genios como yo,
y tal vez la historia no señale ni a uno,
ni de tantas conquistas futuras quede más que estiércol.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos chiflados por tantas certezas!
Yo que no tengo ninguna certeza, ¿Estoy menos o más errado?
No, ni en mí...
¿En cuantas buhardillas y no-buhardillas del mundo
sueñan a esta hora genios-para-sí-mismos?
¿Cuántas aspiraciones nobles y altas y lúcidas
-sí, verdaderamente nobles y altas y lúcidas,
y quién sabe si no realizables-
no verán nunca la luz del sol real ni llegarán a oídos de nadie?
El mundo es del que nace para conquistarlo
y no de quien sueña que puede conquistarlo, por mucha razón que tenga.
He soñado más de lo que soñó Napoleón.
(¡Come chocolates, pequeña;
come chocolates!
Mira que no hay en el mundo más metafísica que los chocolates.
Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá yo pudiese comer chocolates tan de verdad como los comes tú!
Pero yo pienso y, al quitar el papel de plata, que es hoja de estaño,
tiro todo al suelo, como he tirado la vida.)
Fenando Pessoa: Tabaquería
Tabaquería
No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Fuera de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
del cuarto de uno de los millones del mundo que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por gente,
una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
con el misterio de las cosas por debajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humanidad en las paredes y las canas de los hombres,
con el destino guiando la carroza de todo por la carretera de nada.
Hoy estoy vencido, como si supiese la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si fuese a morir
y no tuviese más hermandad con las cosas
que una despedida, vueltos esta casa y este lado de la calle
la hilera de vagones de un tren, y una pitada de despedida
dentro de mi cabeza,
y un sacudón de mis nervios y un crujido de huesos al arrancar.
Hoy estoy perplejo, como quien ha pensado y creído y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que debo
a la tabaquería del otro lado de La calle, como cosa real por fuera,
y la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fracasé en todo.
Como me hice ningún propósito, quizá todo fuera nada.
De la enseñanza que me dieron
escapé por la ventana del fondo de la casa.
Fui al campo con grandes propósitos
pero solo encontré hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual a los demás.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?
¿Qué sé yo de lo que seré, yo que no sé qué soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pero si pienso que soy tantas cosas!
¡Y tantos piensan que son lo mismo que no puede haber tal cantidad!
¿Genio? En este momento
cien mil cerebros se conciben en sueños tan genios como yo,
y tal vez la historia no señale ni a uno,
ni de tantas conquistas futuras quede más que estiércol.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos chiflados por tantas certezas!
Yo que no tengo ninguna certeza, ¿Estoy menos o más errado?
No, ni en mí...
¿En cuantas buhardillas y no-buhardillas del mundo
sueñan a esta hora genios-para-sí-mismos?
¿Cuántas aspiraciones nobles y altas y lúcidas
-sí, verdaderamente nobles y altas y lúcidas,
y quién sabe si no realizables-
no verán nunca la luz del sol real ni llegarán a oídos de nadie?
El mundo es del que nace para conquistarlo
y no de quien sueña que puede conquistarlo, por mucha razón que tenga.
He soñado más de lo que soñó Napoleón.
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