Y pasados estos instantes, aparecerán otros, ya que solo el tiempo se mantiene inalterable, sumido en el mismo tiempo.
La espuma del mar salpica mis pasos mientras camino sola, un día más, por la orilla de la existencia. Van y vienen sin un rumbo claro, arañando la vida, buscando un horizonte, un sueño. El viento, la bruma, el agua. El sonido agudo de las gaviotas y también esa luz intensa que cada día se oculta para dar paso a la oscuridad de la noche. Y después de la noche, un nuevo amanecer, otro día y nuevamente mis pasos, la marea, la vida. Instantes que simplemente transcurren vacíos de sueños.
Sin embargo, un día, esos pasos solitarios, destinados a desvanecerse como siempre por la marea creciente, la frágil suerte, el azar o quién sabe qué, quisieron dejar su huella sobre la arena y se encontraron con los tuyos. Y de ese encuentro surgió un único camino. Y junto al él florecieron paisajes. Y esos paisajes formaron nuestro propio mundo dentro del otro mundo.
Y allí seguimos caminando, juntos, en nuestro mundo, dentro del mundo. Y en ese recorrido, cada instante vivido es una victoria sobre el tiempo.








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