Y porque no es posible otra cosa
y porque no hay regreso,
y es así
y está bien:
paisajes en blanco
siempre delante.
Y aunque no se pueda elegir dónde ni cuando,
entrar al mundo cada día
con la única decisión de
crear el lugar donde ser
y al que llegues.
Y entre vueltas y vueltas
de aire
buscar cada día nuevos
lenguajes
que sin palabras nos
hablen
y reunir sólo aquellos detalles
que podamos llevar en la
memoria
y seguir siempre el ritmo de nuestro instinto
y convertir, la suma de
casualidades que nos conforman,
en el resplandor de lo
que somos.
Y ser el lugar al que
llegues.
Y ser el lugar en el que seamos un solo cuerpo envolviéndonos.






